Érase una vez un niño que vivía en un gran ciudad. La familia de Pablo era pequeña ya que eran sus padres, su perrito Dody y él.
Pablo iba mucho a casa de sus abuelos porque le encantaba pasar tiempo con ellos, allí podía jugar con muchas cosas: con los animales, con los columpios y con sus abuelos, por supuesto.
Un día se escapó Dody y se pasaron la tarde entera buscándolo pero no lo encontraron; Pablo estaba muy triste porque Dody se había perdido. Sus padres hicieron unos carteles en los que explicaban que Dody se había perdido y ponían el número de teléfono de casa por si alguien lo veía que llamará.
Al cabo de tres días llamaron los vecinos de sus abuelos diciendo que Dody estaba allí; Pablo se pusó muy contento y fueron a por él y ya siempre Dody se portó bien y no se volvió a escapar.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
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